Nota De La Autora

Este relato surgió de mi interés por darles una historia con continuidad más allá de la television a mis personajes favoritos de la teleserie "Yo Soy Bea". No me gustó del todo el desenlace que tuvieron, ya que merecían terminar juntos y con un futuro de amor ante ellos. Así que me propuse escribírselo hace ya bastante tiempo. Poquito a poco he ido dándole forma a este relato. Creo que es la mejor forma de celebrar el final de la serie y de recordar los mejores momentos que pasamos en compañía de algunos personajes inolvidables.

Un Saludo ^_^

domingo, 23 de agosto de 2009

Capítulo 11: La Buena Nueva

Pocos minutos después, aparecía Chali cual vendaval en la peluquería, para hacerse cargo de su cachorra. Bárbara seguía sentadita en la silla, pero el mareo remitía y ya se encontraba mucho mejor. El color le había vuelto a las mejillas y hasta sonreía.

- Pero cachorra de mis entretelas… ¿se puede saber que te ha pasado? Y tu muchacha.- señalaba a Wada con su dedo índice.- Me has dado un susto de muerte… He salido del restaurante dejando allí a todo el mundo tirao… Pobre Marguius…
- Mamá, ay mamá no te preocupes tanto por tu amiga la mesonera… Ahora te necesito yo. Lo que tienes que hacer es venir conmigo a la farmacia y luego a ver si nos dan hora en el médico…
- ¿Pero que farmacia ni farmacia ni leches? Si estas mala, lo que hay que ir es a urgencias del hospital…
- No, pero si no está enferma…-contestó Doña Pruden con toda tranquilidad.- Aquí, la chica piensa que puede estar embarazada.
- Ay, pero ¿es eso? Ven que te de dos besos… ay mi niña…
- ¡Enhorabuena jefa!-exclamó Wada con alegría

Bárbara las miró a ambas agradecida.

- Pero madre es que aún no es seguro… por eso te he dicho que vengas. Porque necesito que me acompañes a confirmarlo. Tengo que estar segura… antes de… bueno… de poder decírselo…
- Al Santis…-terminó la frase su madre.- Ay ay se va a poner loco de contento este niño cuando lo sepa… Ven aquí mi niña…-la abrazó y la besó con fuerza.

* * *

Ya en casa, los minutos parecían no correr en su reloj de pulsera…

- ¿Será posible que tarde tanto el palito este en cambiar de color?
- Ten paciencia cachorra, que aquí pone que tarda de 2 a 3 minutos…
- Ay… estoy a punto de volverme loca… pero mira mira… parece que sale algo… ¿Rosa? Mamá tienes tú la cajita… eso que era ¿Qué sí o que no?
- ¿A ver? Trae pa acá… rosita me has dicho… a ver a ver que pone…
- Mamá ¡suéltalo ya por Dios!
- ¡Que siiiiiiiii! Boba, que sí. Que estás preñá. Si cuando me has contao los síntomas y que habías tenido una falta… Estaba cantao mi niña… Ay me estoy acordando de cuando yo me enteré que tú venias en camino y…
- Que si que si mamá… Ay, verás cuando se lo cuente a Santi esta noche…
- Si, pero haz el favor de descansar ¿eh? Yo me voy a ir al restaurante pero tu quédate aquí tranquilita… Y que te acompañe él mañana cuando vayas al médico. Si no puede, me llamáis a mí pero estoy segura que mi pimpollo no va a querer perderse ese momento.
- Mamá no digas nada a la gente del “San Pan” todavía… que ya lo anunciaremos nosotros más adelante.
- Me va a costar… ¿eh? Porque estoy tan contenta… pero tu tranquila cariño mío, que de boca de la Chali no va a salir na de na.

La mujer besó a su hija en la frente y salió con prisas camino del restaurante.

* * *

Como todos los días, Santi terminaba su jornada laboral a las 8 de la tarde. Como "GameNaTech" quedaba más cerca de su casa que el local donde Bárbara había montado su peluquería, él siempre solía ser el primero en llegar al hogar. Por eso le sorprendió tanto que al hacer girar la llave en la cerradura esta solo tuviese dada media vuelta. Y todavía se sorprendió más al encontrar a Bárbara en pijama tendida en el sofá del salón. En un primer momento, pensó que quizá se había puesto enferma y por eso había llegado antes del trabajo… Pero…se había levantado de un salto y venía a recibirle con una sonrisa de oreja a oreja y las manos en la espalda. Estaban en Junio y no era época de regalos… *¿Qué estaría tramando?*

- ¡Hola Gremlin! ¿Qué tal en el trabajo? ¿Bien?- se acercó y le dio un pequeño besito en los labios…
- Muy bien, nenúfar muy bien… Y con este recibimiento, ahora estoy mucho mejor.-la miró con expresión suspicaz.- Que pronto has llegado hoy ¿No? Tú estás tramando algo… ¿Me vas a decir que es?
- No se no se… ¿Qué podría yo estar tramando? Es decir… si tramara algo, que no es el caso… pues ¿Qué sería?
- Jejejeje Muy contenta estás tú hoy…- le dijo sonriéndole mientras dejaba unas carpetas encima de la mesita de cristal del salón.- A ver ven aquí.- Se sentó en uno de los sillones y le hizo gesto de que se sentara encima de sus rodillas.- ¿Qué estas maquinando?
- Ay Santi… ¿sabes que te digo? que se fastidie el suspense… es que no aguanto más… si no te lo digo voy a reventar ¡¡estoy embarazada!! Vas a ser padre. -sacó las manos de detrás de la espalda donde llevaba el plastiquito del test de embarazo con su indicador rosa.
- ¡¡No!! ¿En serio?-preguntó él emocionado levantándose de golpe.- Dime que no es una broma… ¡¡Por fin lo hemos conseguido!! ¡¡Vamos a ser padres!!

Ella asintió seriamente con la cabeza.

- He aquí la prueba.-dijo teatralmente tendiéndole el test de embarazo.- Mi madre me ha ayudado a hacerlo. Además ¡¡me he mareado en la pelu y casi me desmayo!!- expresó en un tono tan feliz que parecía que era lo mejor que le había pasado en la vida.
- Ay Dios mío cucu, ¿Pero estás bien? Y… ¿se puede saber por qué no me has llamado?-preguntó preocupado.
- Porque se me ha pasado enseguida… y no quería decirte nada hasta estar segura. Además, no te preocupes que mi madre ha estado conmigo todo el rato. Hasta que me he encontrado bien del todo.-sonrió.- ¿Estas contento?
- ¿Qué si estoy contento? Sabiendo que estas bien, estoy feliz, ¡vamos a tener un bebé! Nuestra vida va a cambiar, vamos a ser una familia. Te quiero.
- Yo también te quiero…

Se besaron larga y dulcemente. Pasaron el resto de la noche hablando y haciendo planes, sobre los posibles nombres que le gustaría para su bebé, sobre la cita de mañana con el doctor, entraron al cuarto vacio de la casa, que muy pronto dejaría de estarlo. Y hablaron mientras preparaban la cena, mientras cenaban, mientras se preparaban para ir a dormir… siempre recordarían aquel día como uno de los más felices de sus vidas.

sábado, 22 de agosto de 2009

Capítulo 10: ¿Rodríguez Ortiz?

Aquella mañana brillante y soleada de Domingo, el matrimonio Rodriguez-Ortiz se hallaba remoloneando en la cama como en tantas otras ocasiones en que no tenían que madrugar y podían dedicar parte de su tiempo a no hacer nada. Pero en esta ocasión, parecía que algún pensamiento perturbaba la calma de la peluquera, y mientras Santi se disponía a hacer el gesto de levantarse para ir a preparar el desayuno, su mujer rompió de repente el silencio…

– Santiago… te tengo que decir una cosa
– ¿Santiago? Uy uy uy el nombre completo… que susto me está entrando. A ver cucu suéltalo, que no me gusta nada ese tono tuyo ¿Qué has hecho esta vez?
– Es que… ¿te acuerdas de lo que hicimos anoche? ¿Y de ayer? ¿Del otro día y del otro día? Pues es que llevo una semana sin tomar la pildorita
– ¡¿Qué?! Pero… ¡¿por qué?! ¡Bárbara! Y me lo dices así tan tranquila… ¿Pero no te das cuenta de que puede que te hayas quedado embarazada?
– Bueno, sí. Me doy perfecta cuenta de ello… yo…-contestó con la carita de pony pucheritos pillado en falta.- Sé que debería habértelo dicho antes, pero es que llevo meses pensando en lo bonito que sería que tuviésemos un niño con tus ojos y tu sonrisa y esos brazos tan fornidos…
– Espera, ¿lo has hecho a propósito? ¿Quieres que tengamos un bebé?- acertó a preguntar entre sorprendido e ilusionado.

Ella afirmó con la cabeza y sonrió complacida al contemplar lo emocionado que estaba…

- Veo que no te desagrada la idea...
- No, claro que no. Por supuesto que me hace ilusión. Pero es que me dejas totalmente sorprendido. Sabes que siempre he deseado que llegara este momento y que siempre he deseado que tú fueras la madre de mis hijos pero… no pensé que entrara en tus planes el querer ser madre, o al menos no todavía. Yo respetaba tu decisión.

La chica suspiró profundamente y de un solo gesto de la mano, se apartó un mechón de su rubia melena de la frente.

- En el pasado dije muchas tonterías, Santi. Como que no me quedaría embarazada para no echar a perder mi cuerpo de escándalo, o que no sabría qué hacer con un bebé… Te confesaré que estoy muerta de miedo, sólo de pensar que una personita dependerá de mí para sobrevivir… Pero te tengo a mi lado. Y contigo me siento segura, sé que estarás ahí para ayudarme. Y eso hace que me sienta capaz de todo. Tenemos una bonita casa, un buen trabajo, es el mejor momento. Y sobre todo, tengo una ilusión tremenda de que tengamos en nuestros brazos una personita, parte de los dos, de ambos. Quiero que hagamos realidad este sueño.

Él se la quedó mirando atónito, asimilando cada una de sus palabras. Era maravillosa y había madurado tanto... Le acarició el brazo y depositó un suave beso en su mejilla.

- Bárbara, eres fantástica, no sabes cuánto te quiero. ¿Sabes que me gustaría?
- ¿Qué?
- Que tuviésemos una niña tan guapa y tierna como tú… con este pelo largo y rubio…
- Ay, sí… que bonita sería. Para hacerle coletitas, yo la peinaría y le pondría vestiditos rosas… ¡Santi!
- ¿Qué?
- ¿Tú crees que tus soldaditos habrán dado ya en la diana?
- Jajajaaja Ay cucu como eres… ¡tan impaciente como siempre! Todo es posible, puede que sí.- le acarició la barriguita con suavidad.- o puede que tengamos que seguir intentándolo durante algún tiempo. Aunque creo que eso no va a ser un problema ¿no?-le sonrió con picardía.-Ahora que ha quedado claro que queremos ser padres tendremos que emplearnos a fondo…

No pudo seguir hablando, porque ella ya se había abalanzado sobre él y le besaba apasionadamente.

* * *

La chica rubia atravesó el local de su peluquería hasta entrar en la trastienda. Mientras se ponía el uniforme de trabajo y se colocaba el cinturón con el material alrededor de las caderas, volvió a pensar en aquello que la atormentaba. Llevaban seis meses intentándolo y todavía no lograba quedarse embarazada. *A ver si el Gremlin y yo no somos compatibles para reproducirnos* meditó con pesar. En los días anteriores, Santi había conseguido dejarla algo más tranquila al comentarle que esas cosas llevaban su tiempo, y más después de haber dejado un tratamiento anticonceptivo hormonal. Siempre tan pitagorín este Gremlin suyo. Pero si él lo decía seguro que sería verdad. La cuestión era que entre esa preocupación y tanto trabajo en la peluquería, empezaba a sentirse un poco estresada. Recogió cuanto necesitaba y se dirigió a abrir el negocio, colocando el cartelito de “ABIERTO”. En la puerta estaba ya doña Prudencia, que no faltaba los miércoles a peinarse. Bárbara no entendía que una mujer tan mayor se levantara tan temprano. Wada y Anabel todavía no habían llegado. Así que como ya era habitual cada semana, la saludó y la acompañó a sentarse. Empezó a trabajar con su pelo y una vez hubo terminado, abrió el espray de la laca para fijar el peinado. Entonces notó aquella sensación de mareo, dejó caer el envase al suelo, que resonó con estrépito, volvió sobre sus pasos y se sentó un poco en la primera silla que encontró en el camino al mostrador. Volvía a sentirse mareada por tercera mañana consecutiva y podía notar otra vez esa sensación nauseosa. Por Dios, el baño. Otra mañana que se iba a quedar con el estómago más limpio que una patena. Esa misma tarde le pediría a su madre que la acompañara al médico, no quería preocupar a Santi. Pero algo le tenían que dar para ese malestar. Así no podía trabajar. Recogió el bote de laca y lo dejó sobre la mesa, saliendo disparada hacia el servicio, desde donde oyó la voz preocupada de doña Pruden.

- Bonita, ¿estás bien?

Tras unos minutos volvió a la sala.

- Ay Bárbara, guapa que carita tienes. Estás blanca como la cera. ¿Te encuentras mal? ¿Qué te pasa?
- Ay doña Pruden es que no sé qué me pasa. Me encuentro fatal del estómago. Con su permiso, voy a volverme a sentar porque me da vueltas todo.

La anciana mujer la miró pensativamente. Y con la sabiduría que da la experiencia de casi toda una vida le preguntó:

- ¿Tienes náuseas y mareos? ¿Y te pasa siempre por la mañana?
- En cuanto abro el espray de la laca. No sé qué químicos del demonio le deben poner a esta laca “Flash” de las narices… ¿Cómo lo sabe?-preguntó la chica con asombro.
- Tú estás casada ¿verdad?
- Sí, desde hace un año. ¿Por qué?
- Porque yo creo que lo que te pasa es que estás embarazada.- declaró la mujer con total naturalidad.
- ¿Qué? ¿Qué lo que me pasa es eso? Ay ¿de verdad? ¿Seguro? ¡¡Que alegría!! Deme un beso doña Pruden. Ay Ay que ilusión… Pues tengo que ir a la farmacia cuanto antes y y…

En esas estaban cuando Wada atravesó la puerta de la peluquería. Jorge acababa de traerla en coche.

- ¡Hola Jefa! ¡Hola Doña Pruden! ¿Qué os traéis aquí entre manos, tanto parlotear?
- Wada ven aquí que no te lo vas a creer. Necesito que me hagas el favor de quedarte al mando y que Anabel y tú os quedéis a cargo todo el día… Sí no me mires así, os pagaré las horas extras… Ay no sabes lo contenta que estoy.
- No sé qué te pasa Bárbara, pero por muy contenta que estés, te veo pálida. Tienes mala carita. Ni pienses que te voy a dejar salir de aquí así. Ahora mismo llamo a tu marido y…
- ¡Noooooo! A mi marido nooooooo… llama a mi madre porfa… ¿si? Venga, que no lo quiero preocupar…
- Está bien.- contestó la chica sin entender nada. Le divertía sobremanera la peculiar forma de ser de su jefa, a la que había acabado tomando un gran cariño. Era buena, ocurrente y divertida, además de una gran peluquera. Y aunque siempre hacia este tipo de cosas, estaba aprendiendo mucho de ella. Y le pagaba un sueldo que no estaba mal.- Pero no sales de aquí hasta que vea aparecer a Chali por esa puerta.-le dijo en el tono más autoritario que le salió.

Wada hizo el gesto de negar con la cabeza, mientras pasaba a la trastienda y se cambiaba de ropa, poniéndose el uniforme de trabajo, la camiseta negra con las chillonas letras fucsia del emblema de “Glamour”. Llenó un vaso de agua y se lo llevó a la rubia, que seguía sentada junto a la anciana clienta. Después volvió sobre sus pasos, descolgó el teléfono inalámbrico y marcó el número del “San Pan”.

viernes, 21 de agosto de 2009

Capítulo 9: La Boda

Algún tiempo después empezaron con los preparativos, que tuvieron lugar durante tres meses, tiempo justo para tenerlo todo listo antes de la fecha escogida, el día 20 de Mayo de 2010. Bárbara contó en todo momento con la ayuda de su novio, sus amigos y su madre, aunque como siempre, no pararon de discutir cada detalle. Pero en esta ocasión no fue necesario considerar ningún lujo excéntrico, porque ella había aprendido hace mucho tiempo que son otros detalles los que de verdad dan sentido a la vida, y que ésos no se compran con dinero. Por mucho que puedas llegar a tener.

Y por fin, el gran día llegó. En la peluquería, Chali daba los últimos retoques a su famoso moño “Grace Kelly” aquel peinado les traía a ambas muy bonitos recuerdos. Tanto que Bárbara había insistido en llevar ese recogido el día de su boda. Y en que fuese su madre quien la peinara. Wada y Anabel, ya vestidas, peinadas y maquilladas observaban con interés a la veterana peluquera, como daba el toque final a su obra maestra. Cuando le dieron a la novia los últimos toques de maquillaje, las dos chicas se despidieron y partieron rumbo a la iglesia.

Y esa tarde, la novia, con un diseño en blanco roto de Hannibal Pantano que Richard de Castro le había regalado, cumplía uno de sus sueños: casarse con un vestido de ese diseñador. Se dirigía radiante hacia el altar, del brazo del creativo, que ejercía de orgulloso padrino. El vestido era precioso si, pero lo que más llamaba la atención era su rostro, pletórico de felicidad. Frente al altar la esperaba el único hombre al que había amado en su vida, que le había enseñado lo que era el amor y con quien quería compartir su vida para siempre. Estaba allí, feliz, contemplándola con esa mirada chispeante que tanto conocía y que la llenaba de alegría. Cuando por fin llegó y se tomaron de la mano, mientras subía los dos escalones que les separaban del altar, volvió a sentir esa conexión especial, ese estremecimiento que la hacía temblar. Recordó que hubo un tiempo en que su solo tacto la desconcertaba y como no entendía que le ocurría y pretendía alejarle de ella. Ahora caminaba dispuesta a unirse a él para siempre y estaba segura de que no había mujer más feliz que ella sobre la faz de la tierra. Así transcurrió la ceremonia, ante la atenta mirada de familiares y amigos. Muchos fueron los que derramaron lágrimas de emoción en el preciso momento en que el sacerdote les hacía la gran pregunta:

- Santiago Rodríguez ¿quieres a Bárbara Ortiz como legítima esposa para amarla y respetarla todos los días de tu vida?

- Sí, quiero.- pronunció las esperadas palabras mientras deslizaba el anillo de oro en el dedo anular de la mano derecha de su amada.

- Y tú Bárbara Ortiz ¿aceptas a Santiago Rodríguez como legítimo esposo para amarle y respetarle todos los días de tu vida?

- Sí, claro que quiero.- ella le puso el anillo a él y después de mirarle a los ojos, desvió la cabeza hacia donde su madre se encontraba, en el banco más próximo de la primera fila. Y ambas se miraron emocionadas y Chali se echó a llorar de alegría, porque era uno de los días más importantes en la vida de su cachorra.

Se entregaron las arras y el sacerdote dio por concluida la ceremonia.

- Por el poder que me ha sido concedido, yo os declaro marido y mujer. Podéis besaros.

Y la pareja selló con un beso su recién estrenada vida matrimonial, entre aplausos, muestras de afecto y exclamaciones de alegría de todos sus invitados, amigos y familia muy queridos por ellos y algunos, llegados de los lugares más remotos.

Álvaro y Gonzalo habían decidido no entrar a la iglesia y se quedaron fuera hablando de mil cosas, recordando los viejos tiempos y comentando novedades. Uno de los temas que ocuparon la conversación de los dos amigos fue el hecho de que Diego De La Vega se hubiese casado y ahora fuese padre de un niño. Álvaro se mostraba escéptico y Gonzalo le contaba que hasta había hecho las paces con sus dos hermanas. Álvaro no tenía muy claro lo que pensaba hacer si su medio-hermano le pedía una tregua. Y en estas estaban, cuando se dieron cuenta de que la ceremonia había llegado a su fin. Los invitados empezaban a abandonar la Iglesia. Ambos empezaron a repartir arroz y pétalos de rosa en puñaditos a todo el mundo que asomaba por la puerta. Las cestas se las había suministrado Beatriz nada más llegar. Además de repartirlos, jugueteaban tirándose arroz a la cabeza como si fuesen dos críos.

- Es que ni el arroz podéis repartir como personas normales, que parecéis niños.-riñó Sandra a Gonzalo.- Os debería dar vergüenza. Anda… dadme un puñadito.

Mientras, los novios se hacían las fotos de rigor frente al altar con la familia más próxima. Richard fue el padrino y la madre de Santi, la madrina.

Poco después, una lluvia de pétalos de rosa y arroz les esperaba a la salida de la iglesia, frente a la puerta de Goya del Museo Nacional de El Prado, desde donde algunos visitantes y turistas se volvían curiosos a observarles y reían y les señalaban con la mano. Les llamaba la atención el hecho de ser testigos accidentales de una boda, algo que recordarían como anécdota cuando regresaran a sus lugares de origen.

- ¡Que vivan los novios!- Gritaron Gonzalo y Álvaro lo más alto que pudieron.
- ¡Viva!-contestaron todos al unísono.

Tras la lluvia de arroz, todos se fueron acercando a darles la enhorabuena a los recién casados. Y entre ellos, Gonzalo, Sandra y Paula.

- Bueno chicos, enhorabuena. Ha sido una ceremonia preciosa.-los felicitó Sandra
- Santi, tío ¡felicidades! Mira que cuando mi Sandra me enseñó la invitación no me lo podía creer. Pero ahora que os veo juntos, me parece que hacéis una pareja estupenda. Bárbara mujer un beso… Que menos que besar a la novia más guapa de Madrid…
- Bueno, Gonza por eso que acabas de decir- dejó que la besara en la mejilla.
- Joer Barbiloca, será que te tendré que dar la enhorabuena ¿no? Porque… Santi chaval lo que es a ti no sé si decirte lo mucho que lo siento.- dijo la joven dándole un teatral golpecito en el hombro.
- Paula… ¡pero qué clase! Creo que nunca te había visto con un vestido tan elegante.- la alabó Santi riendo con su broma.
- Serás bichillo, pequeña macarrilla…-contestó Bárbara un poco molesta por el comentario.
- Que no… que era broma, tía. ¡¡Felicidades parejita!!

Bárbara le dio dos besos a la chica y pensó que nunca entendería su peculiar sentido del humor.

- Y lo de la elegancia… Yo no quería ponerme este trapo… pero ha sido cosa de mi vieja… que ya sabéis como es…
- Paula ¿otra vez? ¡Que te he dicho ya mil veces que no me llames vieja, que soy tu madre! ¡Hombre ya la niña esta!
- Esta Paula, nunca cambiará.- sonrió Gonzalo pasándole el brazo por encima de los hombros a su hija adoptiva. Sandra se unió a ellos, y mientras discutían, la familia De Soto-De La Vega se apartaron dejando que otros invitados felicitaran a la pareja, pues todos estaban ansiosos por hacerlo.

La celebración del banquete en el nuevo salón del “San Pan” discurrió muy animadamente y todo el mundo disfrutó mucho de la comida, la bebida y todo lo que se sirvió. La distribución de las mesas produjo algún que otro quebradero de cabeza en los primeros momentos, ya que los novios sentaron estratégicamente a todos los invitados. Finalmente, todo el mundo lo pasó en grande, charlaron, bailaron y algunos arreglaron sus diferencias, como fue el caso de Álvaro y Diego. Que finalmente zanjaron de una vez por todas su vieja disputa y volvieron a abrazarse como hermanos. Los jóvenes presentaron a sus hijos y decidieron que deberían verse para que los primos pudiesen mantener el contacto. Al fin y al cabo, la familia es lo primero. También Benito y Noelia tuvieron un acercamiento durante el baile posterior al banquete. Pues la directora de marketing sólo necesitó el vino de la cena y unas pocas copas de la barra libre para desmelenarse. Bailaron juntos un par de canciones rápidas y hasta una lenta. Y Benito no desaprovechó la oportunidad de acercarse a ella, acompañándola hasta su casa cuando ella decidió marcharse. Si pasó o no pasó algo entre ellos esa noche, Santi y Bárbara no se enteraron. Estaban demasiado ocupados atendiendo a sus invitados.

En uno de los momentos de la noche, poco antes de servir los postres, los novios se acercaron a la mesa 14 y saludaron a sus compañeros de trabajo, para asegurarse de que lo estaban pasando bien. La verdad es que la gente de esa mesa no se conocía y se habían presentado entre ellos cuando empezó el convite. Wada parecía haber hecho muy buenas migas con Jorge, editor de gráficos de GameNaTech así que quien sabe que podría salir de ahí ¡de una boda sale otra boda! Y Anabel parloteaba sin cesar con su novio Miguel. Laura, la asistente personal de Santiago y una de sus mejores amigas en la empresa, se había presentado diciendo que prefería que la llamaran iKi, a todo el mundo le pareció encantadora y de inmediato congenió con Wada y Anabel. Su jefe, Nandy había acudido con su novia. Y Andrea y su novio, reportero de la revista independiente que dirigía, habían acabado en esa mesa porque en las dos mesas preparadas para la gente de Bulevar 21 estaban a rebosar, pues era increíble la cantidad de gente que había pasado por esa redacción, todos buenísimos amigos de la pareja. Bárbara se había llevado una sorpresa monumental cuando Georgina, la nueva ejecutiva de GameNaTech la reconoció como la peluquera que le había hecho el recogido para su boda, celebrada 8 meses antes. Justo el día en que Santi le dio la sorpresa de pedirle matrimonio. Ambas celebraron la extraordinaria coincidencia con un pequeño brindis en su honor.

Poco después, Bárbara le hacía entrega del ramo de novia a su amiguisima, Cayetana De la Vega. Que no pudo reprimir las lágrimas ante su emotivo gesto. La ejecutiva seguía sin encontrar a su hombre ideal y su amiga esperaba que eso cambiase más pronto que tarde y que la magia de esa tradición del ramo pudiese ayudarla a conseguirlo. Que mala suerte habia tenido la pobre Caye en el amor. Las dos se abrazaron entre sollozos de emoción.

Y como en todo banquete nupcial que se precie, los novios partieron el pastel de boda, pero gracias a la destreza de Bárbara con el cuchillo, acabaron perdidos de nata hasta las orejas. El momento del vals fue muy tierno, con beso incluido cuando la música dejó de sonar, y tras pasar el resto de la noche bailando y divirtiéndose con todos sus invitados, acabaron el día rendidos. Al día siguiente por la tarde, salía su vuelo para Nueva York, donde iban a pasar una semana de luna de miel. Y tras unas vacaciones excepcionales en la Gran Manzana, donde Bárbara cumplió su deseo de visitar todas las tiendas exclusivas que se le pusieron a tiro y disfrutar de una estupenda suite en un hotel de lujo, además de todas las visitas y actividades que tuvieron la suerte de disfrutar juntos, llegó el momento de volver a su casa de Madrid y de seguir con el ritmo cotidiano de su vida.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Capítulo 8: Invitaciones De Boda II: La Visita

El resto de invitaciones se entregaron en mano. Chali, que había sido informada del feliz acontecimiento por su hija y su futuro yerno al día siguiente de su compromiso, se puso loca de contenta y difundió la noticia con toda la celeridad que pudo. Por tanto, la gente que acudía con regularidad al restaurante “San Pancracio” proveniente del “Edificio Garcilaso” ya estaba debidamente informada de la noticia y eso incluía a casi todos los trabajadores de “Bulevar 21” y la “Agencia DiRichi”, tanto daba que conocieran o no a los novios. La noticia de que la hija de Chali se casaba emocionó a todos los que conocían a la entrañable mujer. Y enterneció a aquellos que tenían la suerte de conocer a la pareja y que incluso, habían sido testigos de cómo se había ido fraguando su peculiar historia de amor. De todas formas, y para hacer las cosas bien, la pareja se presentó una mañana en las instalaciones acompañada de la hostelera, con un buen montón de invitaciones que repartir entre amigos y conocidos. Iban los tres por la acera, Chali les llevaba asidos por el brazo, uno a cada lado. Cuando llegaron a la altura de la puerta, cruzaron entre risas el umbral de la recepción del ahora “Edificio Garcilaso”

- Ansín que ahora todo esto es el “Edificio Garcilaso”, si…
- Pues sí que ha cambiado todo por aquí…-dijo Santi mientras echaba un vistazo alrededor de la centralita y reparando en Reme.
- Pues si hijos, si. Pos no han pasao cosas por aquí desde que os fuisteis… Miradla a la Reme enganchá al pinganillo..,
- ¡Hola Reme! No sabía que tú eras la nueva recepcionista… esto… ¿Y Puri?
- ¡Hola! Saludó Bárbara.
- Ains hijo mío… la Puri se marchó a Polonia… y allí seguirá supongo… ¿No ves que conoció al Darius? el amor de su vida y ansí pos se fue detrás de él…
- ¡Dios mío, mamá! ¿A Polonia? ¿Y qué sabe la loro de polaco?
- Qué internacional.-comentó Santi con guasa.- ¡Que calladito se lo tenia!

Reme, que estaba observando con discreción y curiosidad a los recién llegados, les saludó.

- ¡Hola Chali! Qué bien acompañada te veo…
- ¿Has visto corazón? Mira, con mis amorcitos los dos los dos… Mi cachorra Barbarita y el Santis…
- ¡Anda! Si, la amiga de Ricardo y su prometido. Ya los conozco, ya…
- Sí… del loft ¿Has dicho Ricardo? ¿Y quién es ese?
- El Richar cariño, el Richar… tu amigo
- ¿Richi?
- Pos claro…
- Ay, es verdad. Que tu eres la madre del Lolo… ¡Que cabeza tengo, perdona!
- No, si tampoco nos hemos visto mucho, no te preocupes.
- Si cachorra, saca las invintaciones del bolso y se las daremos a Adriana para que las reparta por las plantas… A ver si nos puede hacer este pequeño favor ¿Dónde está Adri, Reme?

En ese momento, la mensajera, enorme a sus 7 meses y medio de embarazo, cruzaba la recepción proveniente del ascensor, no tenía muy buena cara pero al ver a Chali se acercó.

- Adri que bien que estés aquí, porque precisamente te andábamos buscando… ¡leñe! Que mala carita traes criatura…
- Ay sí Chali, es que no me encuentro muy bien, ahora iba a salir a que me diera un poco el aire y…
- Ale chica estas enorme…
- Claro, eso es porque estoy embarazada de casi ocho meses…-contestó Adriana en su tono macarra, porque el comentario no le había hecho mucha gracia y llevaba unos días muy sensible.- Oye rubita y ¿tu quien eres?
- Tranquila Adriana, que no lo hace con mala intención, es que mi niña es así un poco brusca…
- ¿Esta es tu hija Chali?- preguntó la mensajera con asombro y con dulzura.
- Sis mi hija y su prometido, el Santis. Esta es Adriana, la mensajera del edificio. Un sol de criatura.

Se saludaron con dos besos.

- ¡Hola! Encantado… Te íbamos a pedir que repartieras nuestras invitaciones de boda a la gente de Bulevar pero viéndote tan cansada… no te preocupes. Chali, acabo de decidir que lo haremos nosotros y así saludaremos a nuestros amigos. Ya recuperare el tiempo en el trabajo. Y Anabel y Wada se pueden ocupar de la peluquería perfectamente mientras tú estás aquí. No ¿cucu?
- Sí, en fin, no creo que pase nada… Espero que esas dos aprendizas no metan la pata en “Glamour” mientras yo no estoy… Que no le prendan fuego a la pelu ni nada por el estilo…
- ¿De verdad que no os importa? Ay gracias. Es que hoy es mi último día antes de coger la baja por maternidad y se supone que la persona que me tiene que sustituir ya debería haber llegado, pero no aparece…

En ese momento apareció Diego por las escaleras hecho una furia, tan preocupado iba que no reparó en nadie más que en su mujer.

- Adriana, cariño… Adriana ¡ah! ¡Aquí estás! ¿Qué te he dicho Adriana? ¿Qué te he dicho? Que te prohíbo trabajar en tu estado y que si Garcilaso no ha podido contratar a otro mensajero todavía pues ese es su problema y…

- ¿Di? ¿Eres tú?

En ese momento Diego recibió ecos lejanos de un pasado no tan remoto y sorprendido, levantó la mirada hacia donde se encontraba la que una vez fue su rubia pesadilla.

- Emmm ¿Bárbara? ¿Cuándo has vuelto? Y que tenemos aquí… pero si vienes acompañada por mi esparring favorito…

- ¡Hola Di! Pero qué fuerte… ¿Le acabas de llamar cariño a esta chica tan macarrilla?- Bárbara seguía con lo suyo sin salir de su asombro.- ¿Es tu novia?

- Es mi mujer, Bárrrbara ¿algún problema? Chali, haz el favor y dile a tu hija que se meta en sus cosas… acaso yo he preguntado ¿qué demonios hacen ella y la Libélula de Móstoles aquí? ¿A que no?

- ¿La Libélula de qué?- Adri rió con ganas, e intentando ponerse seria, sin apenas conseguirlo prosiguió.- Oye, Diego no les hables así. La chica solo te ha hecho una pregunta. Además son muy simpáticos… Han venido a traer las invitaciones de su boda y estábamos aquí hablando… Hasta que has venido tu con tus nervios… Tranquilízate, cariño.

- No… a ver Adriana ¿de su boda? ¿Qué os casáis? ¿Vosotros dos os casáis? Vivir para ver…

- Cariñooo, si ya te lo dije el otro día que la hija de Chali se casaba…

- Ya, pero yo no sabia que el novio era este… el informático metomentodo

- Las cosas no siempre son lo que parecen Diego, y tú mejor que nadie deberías saberlo… tampoco nadie hubiera dicho que tú tenías corazón y que te casarías con Adriana y ahora mírate.

- Hombre Chali, en eso te doy la razón… Pues nada chicos, mi más sincera enhorabuena… Al fin y al cabo cosas más raras se han visto… En fin, nosotros nos vamos... Encantado de volver a veros… Adriana vamos…

- Diego, ¿estás siendo amable? ¿Tú? Ningún reproche, ningún comentario hiriente… ¿Tú estás bien?-expresó Santi con perplejidad mirando de hito en hito ahora a Diego, luego a Adriana y vuelta a empezar.- ¿Te has casado? ¿Nos estás dando la enhorabuena? No pareces tú… como se lo cuente a Bea no se lo va a creer…

- A tu amiguita ni la menciones ¿eh? Que de acordarme de ella se me ponen los pelos de punta…-pero en ese momento sintió un poco de añoranza mezclada con remordimiento.- Por cierto, y el atontado de mi medio-hermano ¿cómo está? ¿Sabéis algo de él?

Bárbara y Santi intercambiaron miradas de sorpresa. Sin salir de su perplejidad, pero observando verdadera preocupación en la mirada del ejecutivo, Santi se sintió alentado a contestar con sinceridad.

- Álvaro está muy bien, Diego. Él y Beatriz viven en Miami. Ella escribe libros de todo tipo, hasta novelas infantiles. Y tu hermano trabaja para la editorial que publica los libros de Bea. Tienen un niño de un año que se llama Quico… si, como tu padre. Les va muy bien. Hablamos con ellos a menudo por teléfono… Si quieres, yo… le podría decir algo de tu parte…
- No, no… La verdad, Santiago no es necesario. Ha pasado mucho tiempo y yo no quiero remover viejas heridas… quizá él no me haya perdonado todo lo que les hice… La verdad, no me extrañaría.
- Cariño… pero que… ¿Qué está pasando aquí? ¿Diego?
- Es una historia muy larga que nunca te he contado, Adri. Pero tiene que ver con mi pasado… con las cosas que hice… con mi hermanastro. Prometo contártela cuando estemos a solas.
- Vale, pero cuéntamelo. Porque por lo que estoy oyendo no parece nada bueno.-dijo ella preocupada.
- Van a venir a la boda.- dijo Bárbara, que había permanecido callada durante todo ese tiempo.

Diego la miró con expresión inquisitiva.

- Podría ser un buen lugar para aclarar las cosas…- la chica metió la mano dentro de su bolso y tras rebuscar en él unos segundos, sacó un sobre de color malva y lo depositó en las manos de la joven mensajera.- Ya está, ahora estáis invitados.-sonrió ampliamente.- Ya no podéis decir que no venís. La boda es en Mayo, ya habrás tenido el bebé para entonces.
- Vaya, gracias… Esto…Yo… no sé qué decir.
- No digas nada, Di. Sólo que vais a venir.
- Bárbara, ¿puedes hacerme un favor?
- ¿Sí?
- No me llames Di

Todos los presentes se echaron a reír a carcajadas excepto Diego que continuaba serio y Bárbara que parecía perpleja.

- Vale Di…ego.
- Así está mejor. Y ahora Adriana vámonos a casa de una vez, que necesitas descansar.
- Bueno… Creo que tienes razón ¡¡hasta luego chicos!! Me alegro de haberos conocido. Y tranquilos que no faltaremos.
- ¡Adiós!-expresaron ambos al unísono.
- Cuídate Adriana.-expresó Chali maternalmente.
- Tranquila lo haré

Y salieron por la puerta del edificio agarrados de la mano.

-Bueno Reme, pues nos vamos a subir a ver si mis niños reparten sus sobrecitos… Ains que me los comooooooo
-Vengaaaaa Chali id subiendo… Mira ¿sabes que se me acaba de ocurrir? Niña dame el sobre de Ricardo que os voy a ayudar y se lo voy a subir yo, total él me contó que estuvisteis hace poco por el loft y ya le tenéis mu visto, así terminaréis antes. Ahora mismo cojo yo el teléfono y le digo a Ricardito que voy para allá…

Bárbara volvió a rebuscar en su bolso blanco de Dolce y Chanilly y le tendió otros dos sobres a Reme.

- Este para Lolo y para ti, y éste es el de Richard y Dani… esperemos que pueda venir de Nueva York… ¡Hace mucho que no le vemos!
- Tranquila guapa, que yo se lo doy, y gracias. Sois un encanto.

Los tres subieron el ascensor y marcaron el botón de la sexta planta, la redacción de Bulevar 21. Tras unos minutos en los que les dio tiempo a parlotear de los recuerdos que les traía encontrarse allí de nuevo y lo que había cambiado todo, las puertas de ese ascensor en el que tantas cosas habían vivido, se abrieron en la redacción de la revista más famosa del país. La distribución del espacio había variado y las mesas de la redacción, ocupadas por Benito y Be, que estaban de espaldas a ellos y por dos personas, un chico y una chica a los que no conocían, se encontraban en el centro de la sala. Como era habitual cada vez que se abría la puerta del ascensor, César levantó la vista de su ordenador para inspeccionar a los recién llegados y como era su costumbre, dar el parte a sus compañeros.

- Chicos, ahí viene Chali acompañada de una pedazo de rubia… Wow como está y también viene un chico de gafas…

Be reprimió sus ganas de darle un cachete a su novio por el comentario que acababa de hacer sobre la rubia, cuando consiguió unir las ideas en su cerebro: Chali les acompañaba y le había dicho que su hija y Santi se casaban. Una vez, hacía mucho tiempo, él le dijo que el amor de su vida era rubia como ella. Tenían que ser ellos.

- ¿Rubia? ¿Y un chico con gafas has dicho? -preguntó Benito.

Él y Be se miraron durante un instante fugaz y se entendieron sin palabras. Se levantaron de sus sillas como movidos por un resorte, y se giraron para recibir a los recién llegados, que ya estaban casi a su altura.

- Joderrrrrrrr Santi tiooooooo ¡¡eres tú!! ¡Cuánto tiempo! Pero qué alegría ¿Qué hacéis aquí?
- ¡Holaaa! ¿Es que no me vas a dar un abrazo?- se abrazaron efusivamente
- ¡Hola Beni!
- ¡Bárbara tía, estas igual! Pero… tienes un brillo especial en la mirada…
- Anda becario, ven aquí y dame dos besos y déjate de tonterías.
- Como que becario… que becario… ¡de eso nada! Le informo señorita, de que ahora soy redactor de la revista y aunque sigo ocupándome de las maquetas, tengo un sueldo mucho más decente y la ambición profesional de seguir prosperando.
- Que calidad, Benito… ¡Cómo ha cambiado todo por aquí!
- Para mí sigues siendo mi becario preferido, Beni.- comentó Bárbara dedicándole una preciosa sonrisa.
- Pero como no va a cambiar, almas de Dios… si hace más de dos años que no venís por aquí. Que nos tenéis olvidados a la redacción de Bulevar 21, que os lo tengo dicho que el teléfono es muy frío y nos juntamos muy poco… Que parece mentira que llevéis ya año y pico viviendo en Madrid…

Sus amigos aguantaban estoicos sus reproches amistosos. Benito sonrió, puede que Bárbara pareciera la misma. Pero un cambio interior había convertido a su antigua compañera de trabajo en una nueva persona. Y él sabía quien había sido el artífice de tal cambio. Se sorprendió pensando si podría ser posible para él conseguir lo mismo de Noe. Una cosa era segura, estaba dispuesto a intentarlo.

Be también abrazó a Santi con afecto.

- ¡Cuánto tiempo Santi! Te veo genial. Ya me contó Chali lo de vuestra boda.
- Be, guapisima. Me alegro mucho de verte. ¡Estas estupenda! ¿Cómo va todo?
- Gracias, la verdad es que han pasado muchas cosas por aquí desde que te fuiste, por cierto ¿cómo les va a Beatriz y Álvaro?
- Muy bien, están fenomenal.

Bárbara miraba a Be de forma un tanto suspicaz. Era muy guapa y simpática. Su madre le había hablado mucho sobre ella. E incluso Santi, en alguna ocasión. Le contó sobre su amistad con ella y que fue quién heredó su mesa de trabajo cuando empezó a trabajar en Bulevar 21 como becaria. Ahora era la redactora jefe de la revista. Se veía inteligente. Por fin la tenía delante. No podía negar que sentía un poquito de pelusilla por esa chica a la que su madre estaba tan unida. Siempre que hablaban de ella, se sentía como si tuviese que compartir a su madre de algún modo.

- Y tú debes de ser Bárbara ¿no?- se acercó alegremente para darle dos besos.- Tu madre me ha hablado tanto de ti que es como si ya te conociera.
- ¡Hola Be!-la besó en la mejilla.- ¿De verdad? A mi también me han hablado de ti.
- Chali, debes estar contentísima con todo lo que se presenta…
- Ay mi consonante, ya sabes tu que yo desde que mi cachorra volvió de las Indias pos yo ya soy feliz por tenerles a mis niños al lao… pero sis, sis estoy mu feliz mu feliz porque se vayan a casar y a ver si formalizan ya y les da por tener churumbeles y hacen a la Chalis abuela…
- ¡Mama! Hay que ver que cosas tienes…
- Yo creo que eso tendrán que decidirlo ellos ¿no, Chali?
- Sí, pero que se decidan pronto…

Todos rieron. *Después de todo, parece que esta Be va a ser buena chica* pensó Barbarita con agrado. Y mientras las 3 charlaban animadamente de sus cosas y Santi y Benito se ponían al día, Noelia y César se preguntaban porque estaban armando tanto revuelo.

- ¿Tu entiendes algo?-preguntó Noelia
- Estoy tan perdido como tú, Señorita Rottenmeyer, supongo que ahora nos los presentaran. Por lo que he alcanzado a oír creo que son la hija de Chali y su prometido.
- ¿Esa es la hija de Chali? Pues no me la imaginaba así. Pero si viste con gusto, combina los complementos a la perfección y saber llevar unos Blashik… ¿Pero no era peluquera? el que sí que tiene pinta de pardillo es su novio. ¡Qué pareja más rara!
- Si tú lo dices… a mi me parecen encantadores…

Metiéndose en medio de la conversación, Noelia se levantó de su mesa para dirigirse a la escalera.

- Hola a todos, encantada. Soy Noelia Abad, la jefa de marketing…-dio la mano con rapidez tanto a Bárbara como a Santi que la miraron atónitos.- Como veo que aquí hoy no se puede trabajar, me voy a bajar a por un café.
- Pues espérate Noe, que ya es muy tarde y yo me voy a bajar contigo al “San Pan” a ayudar a Marguius. Nos vemos después que le voy a decir a Claudio que prepare una botellita de cava para brindar.
- ¡De acuerdo, mamá! Toma, las invitaciones para la gente del “San Pan” para Claudio y para ti y esta otra para Tania, dile que puede traer acompañante. Ahora en un rato bajamos.
- Gracias cariño, ¡Hasta ahora!- la mujer las tomó en su mano y se dirigió a la salida.
- ¡Hasta luego Chali!

Noelia aguantó estoicamente la conversación que inició Chali con ella mientras esperaban el ascensor. *Lo que faltaba, iban a invadir el restaurante también, a ver si podía tomarse rapidito el café y no se los volvía a encontrar*. Mientras, Benito la observaba desde la distancia. Santi se percató de ello.

- Y la Cruella de Vil esta tan siesa ¿Quién ha dicho que era?
- Mi pesadilla, Santiago… Aunque creo que en el fondo no es tan mala…

Santi se quedó mirando a su amigo con una expresión de asombro y apartándolo de donde estaban los demás, pues Be presentaba a César como su novio y redactor de Bulevar a Bárbara, se lo llevó disimuladamente al servicio. Abrió la puerta y se metieron dentro. Y sólo después de comprobar que no hubiese nadie escuchándolos en las cabinas, le soltó:

- A ver Benito, habla claro que lo que me estas contando me suena bastante ¿te gusta esa tía?
- Vamos a ver Santi vamos a ver gustarme lo que se dice gustarme pues pues… pues si tío me gusta. Tú que tienes experiencia en esto… dame algún consejo tío, por favor por favor. Que a ti te salió muy bien la jugada. Yo se que debajo de esa coraza de frialdad hay una buena chica. He empezado a regalarle libros de autoayuda para que encuentre su yo interior y sea un poquito más feliz…
- Claaaaaro y de paso que de pronto se dé cuenta de que te quiere ¿no? Pero macho, ¿libros de autoayuda? tú estás pilladisimo, menuda estrategia. Pero aparte de eso ¿No te los tira a la cabeza?
- Pues mira, el caso es que cuando se los regalo los tira enseguida a la papelera ¿sabes? Pero después cuando los busco allí ya no están. Así que yo creo que quedárselos se los queda pero no sé si los leerá.
- Eso es buena señal. Yo lo único que te puedo aconsejar es que estés ahí para ella en los momentos chungos que tenga. Que vea que eres su mejor apoyo. Y con mucha paciencia… pero no te garantizo nada. Por cierto que podrías regalarle otro tipo de cosas también…
- Sí, si hace algún tiempo se le escapó que todavía conserva un detalle que le regalé para su mesa. Un pisapapeles con forma de lagarto… más mono él…
- ¿Ah sí? ¿Y dices que lo guarda? Pues me parece a mí que tardará poco en caer ¿eh? Por ahí se empieza… Se me acaba de ocurrir una idea… tráetela a la boda… Igual en un ambiente distendido se relaja y baja la guardia.
- Oye pues no es mala idea… Que me acuerdo yo de un par de veces que se ha pasado con las copas y se ha soltado un poco la melena.
- ¿Ves? Ahí lo tienes. Hay que conseguir que venga.

Mientras tanto, en la redacción Nacho e Isabel subían charlando animadamente por las escaleras y se acercaron a donde se encontraban los demás. Nacho se alegró mucho al ver a Bárbara allí. Le presentó a Isabel como su pareja y ambos se alegraron muchísimo al recibir la invitación.

- ¿Y Santi? ¿No ha venido contigo a hacernos la visita?
- Sí… pero si estaba aquí hace un momento…
- Yo lo he visto meterse con Benito en el baño, hará cinco minutos.- dijo César
- ¿Pero que estarán tramando ahora estos dos?-preguntó Be desconcertada

Y cuando Bárbara se disponía a dirigirse al baño a preguntarle a su novio qué demonios andaban haciendo, se abrió la puerta y aparecieron los dos amigos, que entre risas y palmaditas en la espalda, volvían a unirse al grupo.

- ¡Enhorabuena Santi!-dijo Nacho dándole un abrazo.- Al final has conseguido echarle el lazo.- bromeó señalando a Bárbara que rió la ocurrencia.- No me digas porque, pero tenía un buen presentimiento sobre vosotros.
- Gracias Nachete… pero macho ¿Qué es de tu vida?
- Pues me va genial, sigo aquí trabajando de abogado y ahora encima soy accionista de la revista. Ya sabes, aquí nunca faltan las emociones.
- ¿Accionista tu? Pues enhorabuena. Creo que el barco no podía estar en mejores manos. A Beatriz le alegrará saberlo.
- Eso mismo pienso yo.- apostilló Be con vehemencia.
- Accionistas, yo también tengo una buena parte de las acciones.- apostilló Isabel.- Soy la directora de la revista, encantada.
- Isabel, la mejor directora que ha tenido Bulevar y mi novia, debo añadir.-explicó Nacho con orgullo.

Santi le dio dos besos.

- Encantado.
- Bueno, pues ahora que ya estamos todos presentados y que todos tenéis vuestras invitaciones… ¿Qué os parece si bajamos al restaurante de mi madre a brindar?
- Creo que es una idea perfecta, desde luego. Pero no nos entretengamos demasiado que tenemos una revista que publicar.

martes, 18 de agosto de 2009

Capítulo 7: Invitaciones De Boda I: Los Sobres

Con varios meses de antelación a la fecha fijada para celebrar el enlace, algunas invitaciones de boda se enviaron por correo.

Uno de los sobres llegó a Miami a una bonita casa junto al mar. Álvaro Aguilar repasaba los sobres que había encontrado en el buzón mecánicamente, sin prestarles demasiada atención. Hasta que sus ojos repararon en un sobre cuadrado de color malva, con la dirección escrita a mano y cuyo remite rezaba “Madrid”. Con un suave gesto, lo separó del resto de cartas que tenía en la mano y las dejó apiladas sobre la mesita del salón. Se dirigió con pasos rápidos hasta el cuarto del bebé, donde encontró a Bea bañando al pequeño Quico en su bañerita de plástico verde. Esperó a que ella levantara la vista hacia donde él se encontraba, apoyado en el vano de la puerta, haciendo bailar el sobre malva entre los dedos de su mano izquierda…

- Mira lo que tengo… ¡acaba de llegar!
- ¡No! ¿tan pronto?- pero si Santi me dijo por teléfono que nos llegaría la semana que viene… ¿La has abierto?
- Pensé que te haría más ilusión abrirla tú. Al fin y al cabo es tu mejor amigo quien se casa.

* * *

Álvaro y Bea estaban sentados uno junto al otro en el sofá blanco de su salón. La envoltura malva de la invitación de boda, descansaba sobre un cojín de color negro, mientras Beatriz jugueteaba con la muñequita rubia vestida de novia y el muñequito con gafas vestido de novio en relieve que adornaban el tarjetón. El diseño gráfico era inconfundible. Santi había diseñado él mismo las invitaciones. Volvió a leer el texto por quinta vez.

Santiago Rodriguez Hinojosa y Bárbara Ortiz Martín os invitan a su enlace matrimonial que tendrá lugar el día 22 de Mayo de 2010 a las 18:00 horas en la Iglesia de Los Jerónimos en Madrid. Seguidamente disfrutaremos de cena y fiesta en el salón de banquetes del restaurante “San Pancracio”. Os esperamos para disfrutar de la celebración de este día tan especial. ¡Ni se os ocurra faltar!

Bea levantó la vista de la tarjeta.

- Todavía no me lo puedo creer, cariño. ¡Se casan!
- Pues no sé por qué te sorprende tanto. Si ya nos lo dijeron por teléfono hace tres semanas…
- Ya… es que jamás pensé que ella pudiese llegar a ser la mujer de su vida y fíjate.
- Fíjate donde estamos todos. Hubo un tiempo que yo tampoco pensé que tú fueras a ser mi media naranja y mira…
- Es sólo que no pensé… que ella pudiese amar a Santi de la misma manera que él la quiso siempre a ella… hasta que les vi juntos las pasadas Navidades. Cuando cenamos en su casa.
- Todavía recuerdo la cara de Bárbara cuando te vio atravesar el umbral de la puerta, no te reconoció.
- Pobrecita, ella todavía no me había visto sin las gafas y sin el aparato. Se perdió nuestra boda, estaba en Bombay. Era normal.-Volvió a sonreír al recordar aquello.

# # #

Les habían recibido en su casa como pareja oficial, Santi insistió en que cenaran con ellos el día de Navidad. Álvaro y Bea habían pasado las fiestas en Madrid para ver a la familia y la cena de Nochebuena fue con sus padres. Santi tenía muchas ganas de ver a su amiga, pero a Bárbara todavía le preocupaba como podía ir la situación con Beatriz. En el pasado no se soportaban. No es que quisiera ser su amiga, pero esperaba llevarse bien con ella. Era la mejor amiga de su novio. Y aunque no se explicaba que veía él de bueno en ella, estaba dispuesta a hacer su mejor esfuerzo. Por Santi. Él siempre había intentado llevarse bien con Caye y Richi, aunque tampoco congeniasen demasiado. Era lo justo. El sonido del timbre la sobresaltó. Se levantó del sofá y se dirigió a abrir la puerta. Se encontró con una delgada y menuda chica, morena, ojos verdes, un vestido rojo y un abrigo negro perfectamente combinados. Zapatos rojos, de tacón ¿unos Blashik? Había un carrito de bebé a su lado. Le estaba sonriendo… y por la escalera llegaba Al con un mocoso en brazos. Ese debía ser su hijo. Lo habían llamado Francisco Javier, como al padre de Al. *Que nombre más anticuado para un niño* pensó ella.

- ¡Hola Al! ¿Dónde está Bea? ¿Y quién es esta chica que viene con vosotros?

Desde la escalera, el joven Aguilar contestó en tono jovial

- Te he dicho mil veces que no me llames Al… jajaja ¡Hola Barbarita! ¿Cómo estás?

Beatriz se echó a reír ante la ocurrencia tan del estilo de la rubia y a modo de saludo le dijo:

- Bárbara, soy yo ¿es que ya no me reconoces?
- ¿Cómo que eres tú? ¿Tú qué?- contestó asombrada mientras la miraba a los ojos, y entonces… se dio cuenta.- Espera… esa voz… ¡eres tú! Pero Bea… ¿Qué te ha pasado? Estas… guapa- lo dijo como si le pareciese imposible, y como pudo se mordió la lengua, conteniéndose de añadir ¿Has conocido a algún cirujano estético que te ha usado como conejo de indias en sus experimentos secretos de belleza? Porque pensó que no sería forma de empezar la velada y que probablemente Santiago se enfadaría.

Bea la observaba sin dar crédito a que ningún comentario traicionero o burla saliese de su boca. Menudo cambio, estaba impresionada. Al cabo contestó con un sorprendido:

- Gracias, Bárbara

- Entrad por favor.-dijo la chica apartándose de la puerta.- ¿Y este niño tan mono? ¿Hola?

- Quico, saluda a la tía Bárbara

El bebé no articuló palabra inteligible, pues era demasiado pequeño. Pero sonrió. Todos juntos atravesaron el umbral de la puerta y pasaron al salón. Proveniente de la cocina, Santi cruzó su mirada con la de Bea, que acababa de dejar el abrigo sobre el sillón. Como si no pudiese creer que estaba allí, corrió hacia ella y se fundieron en un abrazo, hacia casi un año que no se veían, aunque hablaban por teléfono a diario. Pero no era lo mismo. Bárbara sintió una punzadita de celos, pero se alegró de no haber metido la pata con Beatriz. Disfrutaron de una velada muy agradable.

# # #

Bea, salió del ensimismamiento en que la habían sumido sus pensamientos y en un tono que no admitía réplica le dijo a su marido:

- No hagamos planes para Mayo, tenemos una boda a la que acudir al otro lado del océano.

* * *

Otro de aquellos sobres de color malva llegó hasta a una casa rural en Teruel, con una invitación para Cayetana y Sandra De La Vega. Esta decisión no estuvo exenta de problemas, ya que a su intimísima amiga Caye, quiso invitarla con toda alegría Bárbara, pero Santi se empeñó en invitar también a Sandra, ya que como Sonsoles había llegado a formar parte de su grupo de amigos mientras trabajó en Bulevar 21. Sin embargo, algunas de las tretas de “la chachorra” como su novia la seguía llamando después de tanto tiempo, seguían estando muy presentes en la memoria de la rubia peluquera. Todavía se acordaba del susto que pasó cuando la creía muerta y de repente se la encontró en el despacho de presidencia, vivita y coleando. O cuando la pilló con las manos en la masa y la obligó a limpiar si no quería que la denunciara por ladrona… Él le recordó quien había acabado llevando a cabo esa limpieza. Ella le recordó entre risas lo bien que le sentaba la bata azul… Y al final ella cedió, después de que ambos hubiesen terminado de reírse durante un buen rato.

- Después de todo, creo que va a ser divertido volver a verla…


* * *

Sandra De La Vega cruzó el balneario a toda prisa y entró en la casa dando voces.

- ¡Cayetanaaaaaa! ¡Ay Cayetana! ¡No me lo puedo creer!
- Sandra, ¿pero se puede saber qué te pasa? ¡Vas a despertar a Mateo con tanta voz!
- Es que es muy fuerte Cayetana. Que se casan… toma toma… léelo tú misma
- ¿Qué se casan? ¿Quién se casa? A ver…-dijo arrebatándole el sobre y su contenido de las manos.- Bárbara y… ¡Santi! Y nos invitan a la boda. No me puedo creer que esta amiga mía vaya a sentar la cabeza por fin.
- La cabeza hueca que tiene tu amiga, querrás decir cariño, que va a tener quien la aguante. Si es que todas las bobas tienen suerte… Pobre Santi… al final ha conseguido lo que quería… Él es la prueba viviente de que el dicho “cuidado con lo que deseas porque podrías conseguirlo” es más bien cierto. Yo no sé si alegrarme por el o darle el pésame…
- Sandra no seas mala. Yo estoy segura de que van a ser muy felices. Lo poco que he podido verles juntos, te puedo asegurar que nunca había visto a Bárbara tan centrada, ni mirar a nadie así, con tanto amor. Ella ha cambiado mucho, creo que gracias a él. Y yo me alegro. ¡Voy a llamarles para decirles que vamos a ir!
- Si, llámales y que cuenten con nosotras y la compañía... Ay en cuanto los vea se lo digo a Gonza y a Paula. Nos vamos a encontrar con toda la gente de los viejos tiempos de Bulevar 21. Seguro que me han invitado por insistencia de Santiago, porque la rubia todavía se debe acordar de Sonsoles Prieto y su mocho… Álvaro y Bea también irán ¿no?
- Supongo que sí. Él es el mejor amigo de Beatriz.
- Esto va a ser divertido. Ya que la de estos dos fue tan rápida que yo no me entere y no pude ir… ¡Esta no me la pierdo por nada del mundo!

* * *
Por último, pero no menos importante, otros de aquellos sobres encontraron su destino en los buzones de antiguos compañeros de trabajo como Chusa, Jimena, Jota, Elena y Gutiérrez, Andrea, Mustang y su pareja Valentina… y los novios esperaron confirmación por su parte de que acudirían al evento.

Capítulo 6: Recuerdos Agridulces

Un rato después, se levantaron para recoger la mesa y poder sentarse en el sofá a ver una película. Era algo que solían hacer muy a menudo, pero hoy era un día especial. Recostada sobre el pecho de su Gremlin, Bárbara tenía la mano izquierda levantada y observaba con deleite su dedo anular.

- Lo vas a desgastar de tanto mirarlo, cucu.- le dijo Santi para picarla.- Por cierto, ¿Quieres una boda por la Iglesia? No me lo había planteado antes, pero si te hace ilusión…
- Pues… está claro que una ceremonia por la Iglesia es mucho más bonita y tiene más glamour, además como Ale me consiguió la nulidad… pues me puede casar Mazinguer si hace falta.

Él sonrió ante la ocurrencia, esa mezcla de inocencia y disparate eran una de las cosas que más le gustaban de ella.

- Ratzinguer cucu, y no no creo que el hombre esté disponible para casarnos a nosotros, la verdad. Nos conformaremos con otro sacerdote que esté menos ocupado.-En ese momento se dio cuenta de un detalle.- Bárbara, va a ser como si fuese la primera vez que te casas.
- Bueno.-le sonrió ella.- es la primera vez que me caso por amor. Y estoy segura de que todo será perfecto. Nunca he estado más segura de algo en la vida que de nosotros dos.
- Ah ¿si? Pues ya puedes estar segura ya… ¿O te tengo que recordar lo que te costó reconocerlo?-volvió a picarla él con su habitual sentido del humor.
- Eres malo. Yo aquí abriéndote mi corazón y diciéndote cosas bonitas… Te vas a enterar, te has ganado una tortura china, Gremlin.

Le desabrochó algunos botones de la camisa y empezó a acariciarle y a hacerle cosquillas por el pecho. Con el tono más meloso y picaruelo, prosiguió susurrándole:

- ¿Sabes que voy a hacer?-sonrió.- Te voy a lamer la oreja
- No, cucu. La oreja no…-dijo divertido.-Que sabes que no lo puedo resistir… Bárbara, cucuruchito… anda que no eres mala cuando quieres, no…-volvió a reír.- Quieres parar, que es mi punto débil.
- Pues por eso, has dicho la palabra mágica.-le dio un beso en los labios.

Él la miró sonriente

- Creo yo que no me vas a dejar ver la peli…

Ella negó con la cabeza y siguió prodigándole caricias.

- Habrá que celebrar que nos vamos a casar y estaremos siempre muy juntitos… ¿no?-volvió a besarle.

Santi no respondió, volvió a mirarla con ternura, apagó la tele con el mando a distancia, se puso de pié y la cogió en brazos. Besándose apasionadamente cruzaron el umbral de su dormitorio. Con un suave gesto, la depositó suavemente sobre la cama y siguió besándola y acariciandola mientras le quitaba el vestido, deslizándolo a través de su delicado cuerpo. Ella le retiró ansiosamente la camisa, que cayó al suelo junto a sus zapatos, que él dejó caer después de habérselos quitado con delicadeza, acariciándole las piernas…

* * *
Dos palabras, susurradas dulcemente en su oído cuando estaba a punto de alcanzar el cielo, le hicieron sentir que ya podía morir feliz.

- Te quiero

A ella le divertía tanto, el deseo en sus ojos, ese efecto que decirle cuánto le amaba causaba en él. Porque entonces era suyo, completamente suyo. En cuerpo y alma, como jamás ningún otro hombre lo había sido.

* * *

Continuaron abrazados después de haber hecho el amor. Desnudos. Él la rodeaba con sus brazos fuertes y ella se sentía pletórica en ese abrazo, mientras le hablaba.

- Eres increíble, cucu. Es que eres tan bonita y tan tierna que siempre siento unas ganas incontenibles de besarte, abrazarte y acariciarte… De hacerte el amor hasta que te vuelvas loca de placer.
- Y a mí me encanta el contacto de tu piel con la mía. Perderme en tus ojos, en esa mirada limpia cargada de amor, que cuando reposan en los míos hacen que me licúe por dentro. En tus manos, que cuando me rozan me hacen estremecer. En tu boca, que al encontrar la mía me deja sin aliento y me hace perder el sentido. En esos momentos en los que siento que me lo das todo, que eres mío, para siempre. Cuando sólo existimos tú y yo y todo lo demás no importa.

Él la contemplaba asombrado.

- Creo que jamás me habías dicho algo tan bonito.
- Así es como me sentí la primera vez que hicimos el amor. Pero entonces no tuve el valor de decírtelo…
- Eso no importa. Me lo has dicho ahora.- la besó en la frente.- ¿Aún recuerdas el ascensor?
- Pues claro, estaba tan excitada que creía que me volvería loca si no accedías a mis deseos. Llevaba semanas reprimiéndome. Lo confieso, te deseaba y te amaba con todo mí ser. Si, no me mires así, ya te amaba. No quería admitirlo, pero estaba loca por ti.
- Lo supiste disimular…
- Sí… durante ¿Qué? ¿5 horas? Hasta que empecé a ir detrás de ti suplicándote que fueses mi amante bandido. Cosa que no te hizo ninguna ilusión, debo añadir.

Visto ahora, recordarlo tenía hasta su gracia, aunque en aquellos tiempos, él no lo pasó muy bien. Apartándole delicadamente un rubio mechón de la frente, añadió:

- Todo lo que hemos vivido juntos, lo doy por bueno, porque ahora estamos aquí.
- No lo comprendí entonces, pero hiciste lo correcto al rechazarme. Por muy mal que lo pasáramos los dos. Gracias a ti siento que soy mejor persona. Al ponerme en esa situación me hiciste darme cuenta de que por mucho dinero y nobleza que tuviera, no podía sobrevivir sin ti. Estar contigo era lo que realmente me hacía feliz. Los momentos que habíamos pasado juntos, habían sido los mejores de mi vida. Hasta los que habíamos pasado peleándonos. Tú me comprendías mejor que nadie. No podía soportar la idea de perderte para siempre. Estaba asustada, porque nunca había necesitado tanto a otra persona. No quería admitir lo que yo consideraba una debilidad, no quería que me hicieran daño. Cuando fui capaz de dar el paso, me sentí libre por fin y con ganas de gritar a los cuatro vientos cuánto te amaba.

- jajajaja lo recuerdo. Ibas diciéndole a todo el mundo lo mucho que me querías. A tus amigos, a los míos… La cara que les quedó a todos en la cafetería de Bulevar…

- Intentaba compensarte de tanta humillación pública. No sabes como me arrepiento de algunas cosas…

- Te lo perdoné todo en el instante que me dijiste aquellas cuatro palabras en el baño “Yo Tambien Te Quiero”

- Llevabas mucho tiempo esperando oírlo

Se besaron otra vez. Poco a poco se fueron quedando dormidos. Uno en brazos del otro.

sábado, 15 de agosto de 2009

Capítulo 5: Cena Especial

Sobre las 9 de la tarde y al igual que todos los días, Bárbara traspuso el umbral de su casa. Dejó la chaqueta colgando del perchero situado a su izquierda, en el recibidor. Y acto seguido, dejó caer su bolso en la primera silla que encontró en el salón. Un penetrante aroma a pescado al horno atrajo su atención desde la cocina y se encaminó hacia la habitación con curiosidad.

- Santi, cariño ¡ya estoy aquí! ¿Puede ser que hayas preparado salmón al horno para cenar?-preguntó esperanzada.-¿Qué celebramos?

Al llegar a la puerta de la cocina vio a su novio delante del horno, consultando la hora en el reloj digital del electrodoméstico. Llevaba puesto un gracioso delantal a cuadros que le daba un aire de lo más cómico…

- De verdad, cucuruchito… ¿es que no puedo preparar tu plato favorito sin que medien segundas intenciones? Hay que ver que malpensada eres.

Ella le sonrió.

- Lo que tu digas Gremlin, pero seguro que estás tramando algo… por cierto ¿Qué tal hoy en el trabajo?

- Bien, seguimos con el nuevo videojuego de estrategia. No acabo de definir los gráficos, no sé… Espero tenerlo a punto antes de que acabe la semana que viene. Y ¿tú que tal en la peluquería?

- Uff… pues ya sabes, estoy agotada. Lo normal para ser viernes… Peinando a las maris habituales, haciendo permanentes, cardados y esas cosas… Ay pero ¿sabes qué? Lo que sí que me ha hecho ilusión ha sido esta mañana, que he podido… sí eso que dice tanto Richi…

- ¿Ser creativa?

- Eso mismo. ¡Le he hecho el estilismo a otra novia! La he dejado guapísima. Un maquillaje precioso y un moño… Vamos que su novio no la va a reconocer cuando llegue al altar y si Richi y Caye siguieran en Bulevar nos la ponían de portada este mes… Georgina se llamaba… sí, más maja…

*A ver si por fin te das por aludido y me pides matrimonio de una vez, que desde hace semanas no paro de contarte de todas las novias a las que arreglo en la pelu… No sé yo si mi madre tendrá razón con la estrategia subliminal esta, porque este infraser mío no se entera de nada…* Pensó la rubia.

-Umm así que la has dejado guapísima. Claro que sí mi vida, con razón eres la mejor estilista de todo Madrid… Cucu, ¿esto está bien de sal?-le preguntó aparentando indiferencia, mientras le acercaba a la boca una patata asada pinchada en el tenedor.

Bárbara llevaba cosa de un mes hablándole de cada novia a la que arreglaba en su peluquería. A estas alturas, creía haber captado el mensaje. Aunque no estaba de más asegurarse antes de sorprenderla con el anillo de compromiso. Llevaban año y medio de convivencia, desde que ella regresara de la India. Y si había esperado tanto para pedirle que se casara con él, era porque Bea (siempre tan sensata, y dado el historial de su relación) le había aconsejado paciencia. Que no se dejara llevar por un impulso y esperara a que se hubiesen acostumbrado el uno al otro y a que Bárbara se sintiera preparada. Él nunca había tenido dudas, pero tampoco había querido precipitarse. De todos modos, habían pasado un año y medio juntos extraordinario. Claro que con sus peleas y broncas pero… ¿Qué pareja no discute? La vida en común es complicada, pero habían superado la prueba de fuego del día a día.

- ¿Sabes qué día es hoy?
- Hoy hace un año y seis meses que volviste de Bombay y que vivimos juntos.-le contestó con una gran sonrisa.

Bárbara pensó en lo encantador que estaba sonriente y en lo que le gustaría ver esa sonrisa y esa mirada limpia en los hijos que tuviesen. Se mordió el labio inferior, ella no recordaba que alguna vez se hubiese planteado estas cosas. Se sorprendió pensando que en el fondo era una sentimental, quería lo que todo el mundo: amar, ser amada y tener una familia. No entendía como pudo pensar una vez que ella era diferente a los demás, había sido una tonta.

Se sentaron a cenar y empezaron a charlar de los pormenores del día. El salmón estaba riquísimo. Bárbara constató que Santi era muy buen cocinero, había aprendido mucho de Carmelo cuando su segunda casa fue la de los Pérez. Tomaron el postre y cuando estaba a punto de levantarse para recoger la mesa, como hacía todas las noches, notó que la temblorosa mano de su novio la así por la muñeca. Levantó la vista y le miró, se había puesto serio.

- Creo… que no voy a tener un momento mejor que este para decirte… para pedirte…

Ella notó su nerviosismo, siempre le pasaba lo mismo cuando tenía algo serio o importante que decirle. Se puso por un momento en lo peor.

- Santiago no te pongas nervioso y suéltalo ya… ¿Qué pasa? No me asustes…

Captando la ansiedad en su tono de voz, el chico sonrió y ella se tranquilizó. Entonces fue cuando se dio cuenta de que sobre la mesa había un estuche de joyería abierto con un anillo plateado en su interior.

- Bárbara Ortiz, luz de mis ojos, ¿quieres casarte conmigo?

Al oír aquellas palabras, la chica no pudo evitar sentir una mezcla de emociones que estaban muy cerca de ser la felicidad más completa. *Tengo que felicitar a mi madre por sus ideas subliminales*

- Si quiero… ¡Claro que quiero! ¡Creía que nunca me lo ibas a pedir! Ay, que anillo... es todo de oro blanco... tan precioso...

Lo cogió de la cajita y lo deslizó por su dedo anular, se puso de pié de un salto y rodeó la mesa para llegar hasta donde él se encontraba. Con lágrimas en los ojos, le abrazó y le susurró al oído:

- Te quiero
- Y yo también a ti. Me alegro de verte tan feliz, y pensar que tenía miedo de saber como ibas a reaccionar… Creo que he interpretado bien esas señales subliminales de novias que me has estado lanzando ¿no? Jejeje los consejos de tu madre algo habrán tenido que ver en esto…

Bárbara puso en su cara la expresión de pequeño pony pucheritos pillado en falta.

- No sé como te puedo querer tanto, con lo bobo que eres a veces... Tenemos que fijar la fecha. Verás cuando se lo diga a mi madre, a Richi a Caye… ay no se lo van a creer… Ay Santi ¡que nos vamos a casar!

De pronto, miró sus ojos llenos de felicidad, como los suyos, y no creyó en la profundidad de las palabras que salieron de su boca hasta que las hubo pronunciado:

- Te adoro, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Se besaron.